miércoles, 31 de diciembre de 2008

La Fiesta




Que mejor y que peor pretexto, no saber si al calor de la fiesta me pongo la mascara... o me despojo de ella, si son mis ojos, o tus ojos los que deslumbran, no saber si es mi sonrisa, o tu sonrisa, o las tenues luces, lo que ilumina la voluntad propia de mis pasos, ¿o son tus pasos?... ésos que sutilmente nos estrechan. Tu voz, mi voz, otras voces, un escudo que nos hace pasar desapercibidos, sólo otro par más que baila etéreo al compás del champagne.

No te atrevas, esta noche, a regalarme tus brazos, un año mas que pasa y solo siento sobre mi espalda el peso de las horas, de los días, de los meses de caminar en círculos, tu, y yo, los mismos que convenimos separarnos hoy parecemos tomarnos la licencia de lanzar lejos las promesas, serpentinas de brillantes colores que enmarcarán tu rostro.

Un brindis por la muerte lánguida donde los últimos minutos se transforman en los más largos del año, un brindis por ti, y por mí, los mismos espíritus perdidos que giran voluntariamente en la misma historia, en la misma arandela. Son tus labios, y mis labios, los que se convierten en vida, vida que se abre nuevamente y desnuda se abriga en la euforia mágica de los instantes.